Te encontré una mañana de otoño.
En medio de las flores y el dulce olor de los pétalos divise
tu silueta,
Los rayos del sol se mezclaron con tu cuerpo,
Tu piel resplandeciente y tu mágica sonrisa me incitaron el
deseo,
Esa mirada tuya me hizo enloquecer, luceros plagados de la
paz que buscaba mi alma en aquel lugar.
La humedad de tu boca clamo que te sedujera,
Tus labios color pasión me provocaron en el silencio de aquella
tranquilidad,
Me perdí al avanzar entre las hojas ya que quede sumergido en
tu belleza,
Mi boca no sabe más que mencionar tu nombre,
Los claveles de tu piel se hicieron sensibles al tacto de
mis manos, las rosas que se guardaban en los confines de tu pecho con sus fuertes espinas
rasgaron mis vestiduras desnudando a mi existencia.
Poco a poco aparecieron los sueños estando perdido en los
rincones de tu hermosura,
Recorrí cada parte de tus extremos, llegue a los límites de
tus frustraciones y conocí la infinidad de tu alegría,
Suspire al fundirme con tu cuerpo,
Entre al paraíso al llegar a tu boca,
Moldeamos las nubes con un amor intenso, dos desquiciados
presos de la fantasía, cautivados por la lujuria de aquel ensueño conjeturado a
primera vista.
Desde ese día soy otro, mas sensato y loco, mas cuerdo e
irracional.
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