Ya las ventanas se olvidaron de nuestros nombres,
Y el deseo calcinante que envolvía mi pecho, se desvanece...
Miro al cielo, pronuncio tu nombre y no sucede nada.
Aquellos vientos huracanados en los que te bese se han diluido, llevándose consigo nuestra historia.
Ese susurro de nuestro olvido, al cuál temía, ya solo me trae recuerdos de situaciones que viví contigo, que nunca podre olvidar.
Dos caminantes que se amaban sin cesar, se han perdido.
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